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Por: Dra. Vicky Chaia

Durante mucho tiempo la relación entre obesidad y mortalidad mostró resultados contradictorios. Si bien se asociaba el exceso de grasa a una mayor mortalidad, se observó que, en mujeres, la mortalidad precoz era menor, a pesar de tener éstas un mayor tejido adiposo. 

Entre 1980 y 1986 se llegó a la conclusión de que la mayor mortalidad entre obesos, especialmente las relacionadas con cardiopatía isquémica, se vincula principalmente con las obesidades centrales. 

La cardiopatía isquémica es un conjunto de enfermedades del corazón cuyo origen radica en la incapacidad de las arterias coronarias para suministrar el oxígeno necesario a un determinado territorio del músculo cardiaco, lo que dificulta su funcionamiento. El corazón se enferma debido a la mala función de las arterias coronarias.

Luego de largos y complejos estudios, se apreció que el deterioro en las arterias coronarias dependía del componente intra-abdominal de la grasa corporal y que no estaba vinculado con la grasa total del organismo.

Pacientes con Índice de Masa Corporal (IMC) bajo, pero una relación cintura / cadera alta (y por lo tanto con una gran acumulación de grasa abdominal), tenían mayor riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica.

Detallamos a continuación los factores de riesgo aterogénico de la obesidad visceral. Se entiende por aterogénico al conjunto de alteraciones que permiten la aparición en la pared de las arterias de un depósito de lípidos, que finalmente se transformará en una placa de calcificación y facilitará la pérdida de elasticidad arterial y otros trastornos vasculares.

  • Hipercolesterolemia.
  • Tabaquismo.
  • Hipertensión arterial.
  • Distribución abdominal de la grasa.
  • Sedentarismo.

Las manifestaciones clínicas y metabólicas de la obesidad visceral se superponen con el llamado síndrome “X” o plurimetabólico.

  • Síndrome metabólico de la obesidad visceral.
  • Obesidades o predominio tóracoabdominal.
  • Diabetes no insulinodependiente.
  • Enfermedad cardiovascular ateroesclerótica.
  • Hipertensión Arterial.

Ciertas Dislipidemias.

Hiperinsulinismo.

Esteatosis grasa o hígado graso.